A nivel neurológico, las personas nos parecemos en más de lo que nos diferenciamos. Compartimos la misma plataforma de comportamiento biológico. Sin embargo, existen diferencias importantes. La manera en la que respondemos a los estímulos puede llegar a ser muy diferente de una persona a otra. Dentro de los estímulos que percibimos están los imputs auditivos. ¿Sabes lo que es la misofonía?
¿Qué es la misofonía?
El concepto de misofonía fue investigado por primera vez por los científicos estadounidenses Pawel y Jastreboff. La misofonía es una condición en la que ciertos sonidos específicos desencadenan reacciones emocionales intensas, como ansiedad, enfado, bloqueo, o necesidad de escapar. No es solamente que un sonido resulte molesto, sino que genera una respuesta intensa que afecta la vida cotidiana y que resulta difícil controlar. Tiene que ver con una hipersensibilidad o baja tolerancia a ciertos estímulos.
La palabra misofonía significa «odio al sonido», pero no todos los sonidos provocan esta reacción, solo algunos muy concretos. Por ejemplo:
- Masticar o sorber.
- Carraspear o toser.
- Silvar.
- Bostezar.
- Respirar fuerte o roncar.
- Hacer clic con bolígrafos.
- Tic-tac de un reloj.
- Teclado o clic de ratón.
- Chasquidos con la lengua o los dedos.
Cada persona con misofonía tiene su propio repertorio de sonidos detonantes, y lo que para una persona es insoportable, para otra puede ser completamente indiferente.
¿Cómo afecta?
Las personas que conviven con misofonía a menudo describen que ciertos sonidos les provocan una sensación inmediata de rabia, irritación o ansiedad. No es algo que puedan controlar ni evitar fácilmente. El cuerpo y la mente reaccionan de forma automática, como si estuvieran frente a una amenaza real.
Algunas de las repercusiones que puede tener son:
- Evitación de ciertas situaciones sociales (comidas familiares, transporte público, salas cerradas).
- Problemas relacionales (con la pareja, compañeros de trabajo, familia).
- Uso reiterado de tapones o auriculares.
- Aislamiento emocional.
- Sensación de incomprensión.
- Vergüenza.
¿A qué se debe?
La ciencia aún está investigando las causas exactas de la misofonía. No se considera un trastorno mental en los manuales diagnósticos actuales como el DSM-5 o CIE-11, pero sí se reconoce como una condición neuropsicológica real.
Algunas hipótesis sugieren que hay una hiperconexión entre las áreas del cerebro responsables de procesar los sonidos (como la corteza auditiva) y las que regulan las emociones (como la amígdala). Esto podría explicar por qué una entrada sensorial aparentemente inofensiva genera una respuesta emocional tan intensa.
También se ha observado que suele comenzar en la infancia o adolescencia y que en algunos casos puede coexistir con otros cuadros como ansiedad, trastornos obsesivo-compulsivos o hipersensibilidad sensorial.
¿Qué no es misofonía?
Existen otras condiciones que aunque tengan alguna similitud, no son misofonía:
- Hiperacusia: Sensibilidad general a todos los sonidos, especialmente a los altos.
- Fonofobia: Miedo irracional a los sonidos, incluso antes de que ocurran.
Misofonía y Personas Altamente Sensibles (PAS)
Las Personas Altamente Sensibles (PAS) —rasgo propuesto por la psicóloga Elaine Aron— describe a quienes tienen un sistema neurosensorial más receptivo. Esto implica una mayor sensibilidad al entorno: luces intensas, olores, emociones ajenas… y también, por supuesto, los sonidos.
Aquí es donde ambas experiencias pueden coincidir. No todas las PAS sufren misofonía, pero su umbral sensorial más bajo puede hacer que ciertos estímulos auditivos resulten especialmente invasivos. Es decir, la hipersensibilidad auditiva que muchas PAS reportan podría facilitar una respuesta emocional exagerada ante ruidos repetitivos, como los que detonan la misofonía.
Además, la sobreestimulación —una experiencia común en las PAS— puede agravar la reacción a los sonidos, haciendo que el malestar se acumule más rápidamente.
Comprender esta posible conexión no implica patologizar a quienes sienten así, sino ofrecer un marco de comprensión y cuidado, especialmente si estas reacciones generan conflicto social o desgaste emocional.
¿Tiene tratamiento?
Aunque no existe un tratamiento específico que erradique de manera absoluta la misofonía, sí hay formas de manejar y reducir el impacto que tiene en las vidas de las personas afectadas. El acompañamiento psicológico es fundamental.
A menudo la misofonía es una vía de entrada a psicoterapia para abordar otras cuestiones que pueden estar afectando a la persona y que están “silenciadas”.
Algunos de los aspectos en los que se centra la psicoterapia son:
- Ventilación emocional: Hablar del problema y de su alcance, las repercusiones que ocasiona y los intentos de solución llevados a cabo hasta el momento.
- Registros: anotar los sonidos que te generan malestar, las circunstancias en la que se dan y qué emociones o reacciones físicas se activan.
- Aprender a responder en lugar de reaccionar.
- Reducir la ansiedad anticipatoria.
- Trabajar con creencias sobre control, tolerancia y amenaza.
- Flexibilizar creencias rígidas.
- Técnicas de regulación emocional: respiración diafragmática, relajación progresiva, mindfulness…
- Técnicas de exposición gradual.
- Hablar abiertamente con personas cercanas sobre tu sensibilidad (sin culpabilizarlas).
- Planificar espacios y horarios “detox” donde la persona pueda descansar de manera predefinida.
- Evitar autoexigirte o sentir culpa por tus reacciones. No es queja vacía ni falta de tolerancia: es una condición real.
- Trabajar la aceptación y la compasión como forma de regulación.







